Con el objetivo obsesivo de garantizar la reelección de Javier Milei en 2027 y ante un tablero político cada vez más ajustado, la Casa Rosada puso en marcha una estrategia de extorsión explícita hacia las provincias: subordinar cualquier acuerdo político al alineamiento total con la agenda del Poder Ejecutivo.

La orden salió directamente del despacho de Karina Milei y no deja margen para los matices. El mecanismo de presión inmediato pasa por la reforma electoral con la eliminación de las PASO como caballito de batalla, un proyecto con el que el oficialismo busca cambiar las reglas del juego en el Senado, donde hoy no le dan los números para avanzar.
Premio o castigo para los gobernadores
La bajada de línea libertaria sintetiza el método con una crudeza sin rodeos: «Gobernador que no apoye, gobernador que no va a ser tenido en cuenta». Bajo esa lógica de disciplina fiscal y política, la jefatura de Gabinete a cargo de Diego Santilli y el operador Eduardo «Lule» Menem negocian con una lista de 13 mandatarios bajo la sombra de la billetera oficial.
| Gobernador | Provincia | Estado de la negociación |
| Leandro Zdero | Chaco | En la mira para integrar listas unificadas con LLA |
| Alfredo Cornejo | Mendoza | Diálogos abiertos para pactos provinciales o listas compartidas |
| Rogelio Frigerio | Entre Ríos | Evaluación de esquemas electorales sin enfrentamiento directo |
A pesar de los intentos de la Rosada por disciplinar a las provincias, varios gobernadores miran la jugada con desconfianza. Saben que unirse al sello libertario implica perder autonomía en sus distritos y quedar pegados al rumbo de una economía socialmente fracturada.
El armado libertario de cara al 2027
En la mesa chica de Balcarce 50 conviven dos posturas cruentas: mientras el sector pragmático insiste en ensanchar alianzas con sectores de la UCR y el PRO para asegurar volumen político, el riñón ideológico encabezado por la «Jefa» rechaza cualquier concesión que «contamine» la pureza del proyecto ultraliberal.
El apuro de la Cámara Nacional Electoral para fijar los plazos del cronograma dejó en evidencia las urgencias del oficialismo: apurar las reformas institucionales ahora para garantizar que el aparato estatal trabaje en función de la reelección de Milei, con el ajuste macroeconómico como único y desgastado argumento de campaña.