Mientras el ministro de Hacienda, Alejandro Abraam, ensaya una nueva coreografía dialéctica para culpar a gestiones de hace ocho años, los números de la provincia revelan una realidad incómoda: Chaco es una de las jurisdicciones que más profundizó su déficit fiscal en 2024, con la obra pública paralizada y una dependencia total de los «adelantos» de la Casa Rosada.

Por la Redacción de TV LOCAL
RESISTENCIA. Lo que para el oficialismo es «sinceramiento», para la calle empieza a oler a improvisación. El gobierno de Leandro Zdero parece haber encontrado en el retrovisor su mejor herramienta de gestión. A casi medio mandato, el discurso de la «deuda irresponsable» de Domingo Peppo y los «desajustes» de Jorge Capitanich siguen siendo el menú principal para justificar una parálisis administrativa que ya preocupa incluso a sus propios aliados.
El salvavidas de la Casa Rosada
El reciente anuncio de un adelanto de coparticipación para pagar el bono internacional no es, como intenta vender el Ministerio de Hacienda, un éxito de gestión. Es, en rigor, un pago de favores político y un reconocimiento tácito de que las arcas chaqueñas están exhaustas.
Con una tasa del 15% un «regalo» financiero en comparación con el mercado, Nación sale al rescate de un Zdero que, hasta ahora, ha demostrado más destreza para el revisionismo histórico que para la generación de recursos propios.
¿Orden o ajuste ciego?
Mientras Abraam se jacta de «ordenar las cuentas», los informes de consultoras privadas (como el Monitor de Equilibrio Financiero) ubican al Chaco en el podio de las provincias con peor salud fiscal.
- La paradoja: Se ajusta el gasto, se frenan las obras en las localidades del interior, pero el déficit no baja.
- La excusa: «La culpa es del bono de 2016».
- La realidad: El recorte en infraestructura ha sido incluso más feroz que la reducción del gasto corriente, hipotecando el crecimiento futuro de la provincia a cambio de una «previsibilidad» que solo existe en las planillas oficiales.
El gobierno del «Ah, pero…»
La estrategia comunicacional es clara: si no hay gasoil para las máquinas, es por la deuda de Secheep; si los sueldos docentes pierden contra la inflación, es por el «despilfarro» anterior. Sin embargo, el «efecto pausa» que aplicó Zdero a la cláusula gatillo y a las obras estratégicas empieza a pasar factura en el termómetro social.
En los pasillos de la política chaqueña ya se comenta que el «plan de desendeudamiento» es, en realidad, un plan de supervivencia. Sin un horizonte productivo claro y con la mirada clavada en el pasado, la gestión de Zdero corre el riesgo de convertirse en un largo prólogo de excusas para un libro que todavía no empezó a escribirse.