Dom. Oct 11th, 2026

Chaco: una empleada pública vive en condiciones deplorables junto a sus hijos con discapacidad

Tiene 13 años de antigüedad en planta permanente, es afiliada al INSSSEP y sostiene a una familia atravesada por necesidades especiales. Vive junto a sus hijos en una vivienda extremadamente precaria, en una zona donde cada lluvia convierte el terreno en una laguna.

La historia de Andrea Fabiana Pérez expone una realidad que muchas veces queda fuera de las estadísticas. Es empleada de Salud Pública, afiliada al INSSSEP y a la DASE, y asegura que desde hace años espera una respuesta habitacional mientras intenta sostener a su familia en condiciones que se vuelven todavía más difíciles durante los días de lluvia.

Andrea contó que tiene una hija con retraso madurativo, que requiere atención médica periódica. Según relató, debe llevarla mensualmente a consulta y afrontar gastos que, de acuerdo con su testimonio, se suman a los costos de la obra social.

“Me cobra 35 mil de plus, más la obra social”, explicó durante la entrevista. También señaló que debe afrontar otros gastos vinculados con estudios que, según manifestó, no serían cubiertos por la obra social.

Una vivienda levantada de a poco

Andrea explicó que llegó a vivir en ese lugar después de años de alquilar. La decisión, según contó, estuvo relacionada con la imposibilidad de transformar el alquiler en una vivienda propia.

“Me cansé de alquilar y sabía que el alquiler nunca iba a ser mío”, relató.

En el terreno fue construyendo de manera progresiva un espacio para vivir con sus hijos. Sin embargo, las condiciones actuales siguen siendo extremadamente precarias: piso de tierra, instalaciones básicas y un baño incorporado al mismo espacio donde vive la familia.

La situación se vuelve especialmente crítica cuando llueve.

La zona donde reside tiene sectores que se convierten rápidamente en acumulaciones de agua. Andrea describió cómo una laguna cercana se seca durante los períodos de sol, pero vuelve a crecer con las precipitaciones hasta llegar prácticamente al nivel de su vivienda.

“Cuando llueve llega el agua hasta arriba”, contó.

Inscripta en vivienda desde 2008

Uno de los aspectos más fuertes de su relato es el tiempo que lleva esperando una solución habitacional.

Andrea aseguró que está inscripta en los registros de vivienda desde 2008 y que durante años debió presentar documentación y realizar gestiones sin obtener, según su testimonio, una respuesta concreta.

Además, explicó que tiene otro hijo de 24 años con retraso madurativo, lo que incrementa las responsabilidades familiares.

“Todos los meses ir a llevar los papeles, los papeles, los papeles y nunca”, expresó al referirse a la espera.

También manifestó que presentó una nota el año pasado y que aguarda una audiencia con un funcionario al que identificó como Fernando.

“Ahora no viene nadie”

Durante la entrevista, Andrea también fue consultada sobre la presencia de funcionarios y dirigentes políticos en el barrio.

Recordó que durante los períodos electorales distintos sectores políticos recorrieron la zona y se acercaron a los vecinos.

Pero, según afirmó, una vez terminadas las elecciones esa presencia desapareció.

“Ahora no viene nadie”, sostuvo.

La única asistencia social que recibe, según explicó, está vinculada con la escuela de su hija y con las necesidades derivadas de su situación educativa. Fuera de ese acompañamiento, aseguró que no recibe visitas de trabajadores sociales.

Una trabajadora pública que también vive en la precariedad

La historia adquiere otra dimensión cuando Andrea cuenta su recorrido laboral.

Relató que comenzó vinculada a programas de empleo y posteriormente pasó por distintas modalidades laborales hasta llegar a planta permanente en 2013.

Actualmente asegura tener 13 años de antigüedad en planta en el Centro Dermatológico.

Su historia también pone en discusión un prejuicio que suele recaer sobre quienes viven en sectores vulnerables: que no trabajan o que no hacen esfuerzos para mejorar sus condiciones de vida.

Andrea trabaja en el sistema público y, al mismo tiempo, intenta construir con sus propios medios un lugar donde vivir junto a sus hijos.

Una lluvia que vuelve a poner todo en riesgo

Mientras brindaba su testimonio, la lluvia era parte de la escena.

El agua acumulada alrededor de la vivienda vuelve evidente una preocupación que para Andrea no es abstracta: cada episodio de precipitaciones puede transformar el terreno en una zona inundada y dejar a su familia todavía más expuesta.

Su relato plantea una pregunta que excede su caso particular: ¿qué ocurre con las familias que trabajan, que están inscriptas durante años en los registros habitacionales y que, sin embargo, continúan viviendo en condiciones de extrema precariedad?

La historia de Andrea no es solamente la de una vivienda de piso de tierra o una familia esperando una casa. Es también el relato de una trabajadora que sostiene un empleo público, una madre que acompaña a hijos con necesidades especiales y una vecina que asegura llevar años esperando que alguna respuesta institucional llegue a su puerta.

Y mientras esa respuesta no llega, cada vez que vuelve a llover, el agua vuelve a recordarle que la espera todavía continúa.

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