El desgobierno administrativo y la falta absoluta de control bajo la gestión de Raúl Mosqueda ya no se pueden ocultar bajo la alfombra. Con la presentación formal del Club Municipal de Margarita Belén, quedó al desnudo un sistema donde los reglamentos son opcionales, las herramientas digitales de la AFA se ignoran y los clubes quedan a merced de la desidia dirigencial.

Lo que pasa en la Liga Chaqueña de Fútbol bajo la presidencia de Raúl Mosqueda superó todos los límites tolerables de la seriedad deportiva. Ya no se trata de errores humanos o fall arbitrales de fin de semana; estamos ante un colapso administrativo total donde la desidia oficial convierte a los torneos en una zona liberada.
La bomba estalló el pasado 13 de agosto, cuando el Club Social y Deportivo Municipal de Margarita Belén ingresó por mesa de entradas una protesta formal que deja en ridículo a la conducción liguera. El trasfondo es lapidario: durante el partido de la fecha 18 del Torneo Apertura «B» frente al Fútbol Club Barberán, los muchachos de Mosqueda permitieron que un cuerpo técnico jugara y firmara planillas cuando, los registros del Sistema COMET el padrón digital obligatorio de la AFA los marcan activos, verificados y operando en otra institución (Club Atlético Regional).

La complicidad del silencio y el «vale todo»
La pregunta que se hace todo el ambiente futbolero de la región y que arrincona a Raúl Mosqueda es clara: ¿Dónde están los controles de la Liga?
Es insostenible que un presidente de Liga se escude en el desconocimiento cuando el propio padrón digital oficial de AFA grita una «duplicidad fáctica» inadmisible. Si el sistema COMET es la herramienta que garantiza la transparencia y la legalidad deportiva, el hecho de que un cuerpo técnico figure en dos lugares a la vez no es un descuido menor: es una muestra flagrante de inoperancia o, peor aún, de complicidad institucional.
Bajo la gestión de Mosqueda, el mensaje que baja desde la cúpula es alarmante: en la Liga Chaqueña todo está permitido. Los clubes laburan, invierten y compiten de buena fe, mientras en los escritorios oficiales se mira para otro lado con total impunidad, barriendo las irregularidades bajo la alfombra y vaciando de contenido el reglamento del Consejo Federal.
El Tribunal de Penas ante su hora de la verdad
La pelota, manchada por la desidia dirigencial, está ahora en la cancha del Tribunal de Disciplina. Con las pruebas lapidarias sobre la mesa planillas originales, capturas del sistema y registros irrefutables, la gestión de Raúl Mosqueda se juega lo poco que le queda de credibilidad.
Si el Tribunal cajonea el expediente o busca artimañas para salvar a los infractores, terminarán de confirmar lo que todos murmuran en los pasillos: que la Liga Chaqueña dejó de ser una institución seria para convertirse en un club de amigos donde las reglas se aplican según la conveniencia de turno. El fútbol chaqueño exige respuestas, transparencia y, sobre todo, dirigentes que estén a la altura de la historia y no de los chanchullos de escritorio.