EL ROSA DE LA DISCORDIA: LAS RENUNCIAS EN SEGURIDAD REAVIVAN EL DÍA QUE ZDERO «MARCÓ» A LOS CADETES CON SU COLOR DE CAMPAÑA

Policias del chaco con colores partidarios del radicalismo

La crisis política en el Chaco ha tomado un tinte cromático que el oficialismo ya no puede despintar con pauta publicitaria. La reciente ola de renuncias en la cúpula policial y el Ministerio de Seguridad ha vuelto a poner en el centro del debate el día en que el gobernador Leandro Zdero intentó subordinar la institucionalidad del Estado al manual de estilo de su propia campaña electoral.

Crónica de una humillación institucional

Los registros oficiales marcan el 6 de junio de 2025 como el punto de no retorno. Aquel día, en un acto que pretendía mostrar gestión, el Ejecutivo provincial entregó equipamiento consistente en camperas y zapatos destinados a los alumnos que se encuentran en proceso de formación para ser los próximos agentes y cadetes de la policía.

Sin embargo, el equipamiento no seguía los estándares históricos de la fuerza. Las prendas lucían un rosa estridente, el color que identificó la campaña política de Zdero y de la UCR local. Al obligar a los futuros oficiales a portar la identidad visual de su facción política, el mandatario cruzó una frontera democrática fundamental: la que separa al Estado del partido.

Renuncias que reavivan el desprecio

«Nos quisieron convertir en militantes uniformados desde la cuna», es el susurro que hoy se transforma en grito con cada firma de renuncia en el Ministerio de Seguridad. Para la familia policial, aquel 6 de junio fue una humillación que puso en ridículo a media provincia ante los ojos del país, convirtiendo una instancia de formación profesional en un burdo acto de proselitismo explícito.

Las dimisiones que hoy sacuden al gabinete no son hechos aislados; son el bumerán de una gestión que priorizó el branding personal por sobre la jerarquía y las necesidades reales. La salida de cuadros técnicos y operativos reaviva el malestar por aquel «capricho rosa» que desnudó las prioridades del Ejecutivo: mientras los patrulleros carecen de repuestos y los chalecos vencen, los esfuerzos se destinaron a teñir la formación policial con el pantone de la victoria electoral.

El ridículo como límite

Poner en ridículo a la provincia con futuros policías vestidos con colores de campaña tuvo un costo que el marketing no supo calcular. Las renuncias actuales demuestran que la moral de una institución no se compra con zapatos de diseño partidario. Al intentar «radicalizar» la estética de la seguridad el pasado 6 de junio, Zdero rompió el respeto de sus subordinados y de la ciudadanía.

Hoy, el rosa de la discordia es el símbolo de una gestión que se queda sola. Las bajas en el gobierno son el testimonio final de que no se puede gobernar una provincia como si fuera una agencia de publicidad, ni se puede pretender que quienes deben cuidar a los ciudadanos sean los portadores del color de una boleta electoral. El rosa se destiñe, y tras él, queda el vacío de una gestión que se enamoró de su propia imagen y olvidó la institucionalidad.

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