Zdero al todo o nada: El «Efecto Peche» como último escudo contra el abismo

Editorial

Leandro Zdero ha dejado de gestionar para empezar a sobrevivir. Aquel gobernador que supo lucir con orgullo la corona del ranking de imagen positiva a nivel nacional hoy se encuentra en caída libre, estrellándose contra el fondo de las encuestas. El desplome no es solo un número: es el síntoma de una gestión que, tras el marketing del cambio, se encontró con una realidad que le quedó grande.

Ante la desesperación de ver cómo su capital político se escurre entre los dedos, Zdero ha decidido sacar la artillería pesada. El movimiento estratégico de subir al ring a Carim Peche no es una renovación de gabinete; es el reconocimiento de que el Gobernador ya no puede dar la cara sin quemarse.

El sicario del relato

La orden para Peche es quirúrgica: romper todo. Zdero lo ha ungido como su pararrayos oficial, el hombre encargado de ensuciarse las manos mientras él intenta, en vano, preservar una imagen de moderación que ya nadie compra. El rol de Peche es claro y agresivo:

  • Anestesiar el presente: Cada vez que el malestar social cruja, Peche saldrá a gritarle a la herencia.
  • Tercerizar el odio: Que sea él quien dispare, quien confronte y quien cargue con el costo de la prepotencia discursiva.
  • La culpa siempre es del otro: Convertir el gobierno en una oficina de denuncias permanentes sobre el pasado para no tener que explicar las promesas incumplidas del hoy.

¿Estrategia o manotazo de ahogado?

Zdero parece creer que la sociedad chaqueña es rehén de una amnesia selectiva. Sin embargo, el «ahpero» tiene fecha de vencimiento. Apostar a Carim Peche para que sea el rostro de la confrontación es admitir que la gestión propia no tiene logros que mostrar.

Es la política del retrovisor: mientras la provincia pide respuestas sobre tarifas, salarios y seguridad, el Ejecutivo se encierra en un búnker de reproches liderado por un dirigente que se siente cómodo en el barro, pero que poco tiene que ofrecer como solución.

El costo de la trinchera

Este giro hacia la agresividad marca el fin de la esperanza de una provincia unida. Al elegir a un «halcón» para que culpe sistemáticamente al gobierno anterior, Zdero no solo polariza, sino que se esconde detrás de un vocero de choque.

El gobernador pasó de ser el «mejor» en los papeles a ser el peor en la percepción popular. Poner a Peche a gritar no va a llenar las heladeras ni a calmar la calle; solo va a elevar los decibeles de un ruido político que intenta tapar el silencio de una gestión que se quedó sin ideas. Zdero eligió el conflicto sobre la solución, y esa es una apuesta que, históricamente, suele terminar mal.

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