Lo que ocurre hoy en las calles de Capitán Solari no es un accidente ni un hecho aislado: es la consecuencia directa de años de desinversión sistemática en la infraestructura básica. Vecinos de la localidad denuncian que la empresa SAMEEP ha abandonado el mantenimiento de las redes, provocando que el pueblo hoy se encuentre sitiado por aguas de desecho y un servicio de agua potable que roza lo inexistente.

Infraestructura del siglo pasado para demandas actuales
La crisis que estalló esta semana, con calles anegadas por líquidos cloacales y agua que llega a los hogares con una fuerte coloración amarilla, deja al desnudo un sistema que ha colapsado. Las cañerías y estaciones de bombeo estarían operando al límite de su capacidad, sin haber recibido las obras de ampliación necesarias para acompañar el crecimiento demográfico de la región.
«No es una rotura de un caño, es el sistema que ya no da más por falta de presupuesto», explican los vecinos indignados. Mientras el cobro de las facturas se mantiene rígido, el retorno en obras para Capitán Solari parece haberse estancado en el tiempo.
Desechos en la calle: el síntoma del abandono
El desborde de desechos en la vía pública es el síntoma más grave de esta falta de inversión. La ausencia de renovación en las plantas de tratamiento y la falta de camiones desobstructores en condiciones han convertido a los barrios en focos infecciosos. La empresa estatal, encargada de garantizar el saneamiento, hoy es la principal responsable de inundar el pueblo con desperdicios.
¿Dónde está el dinero de los chaqueños?
La comunidad no solo reclama por el olor y la contaminación, sino por la transparencia en el manejo de los fondos. En Capitán Solari, la sensación es de olvido institucional. «Vemos cómo pasan las gestiones. La falta de inversión de SAMEEP es un atentado contra nuestra salud», sentenciaron los vecinos.
Sin un plan de obras serio y una inversión real en infraestructura de fondo, los «parches» temporales ya no alcanzan para ocultar la realidad: Capitán Solari está pagando el precio de la desidia estatal.