Mientras el oficialismo provincial insiste en agitar el fantasma de supuestos sectores «desestabilizadores» que atentan contra la gestión, la cruda realidad socioeconómica de la capital chaqueña emerge desde las calles. El duro reclamo de vendedores ambulantes que sobreviven con ingresos de miseria expone la desconexión del Gobierno con el Chaco real a días del mayor evento turístico de la provincia.

El libreto oficialista del gobierno de Leandro Zdero empezó a chocar de frente contra el asfalto de la Plaza 25 de Mayo. En las últimas semanas, desde el entorno del Gobernador se intentó instalar la narrativa de que la gestión enfrenta a sectores oscuros abocados a «desestabilizar» la provincia. Sin embargo, este jueves quedó en evidencia que el verdadero frente opositor no conspira en las sombras: sobrevive en la economía popular y gana apenas 30 mil pesos diarios.
Más de 70 trabajadores ambulantes autoconvocados de distintos rubros rompieron el silencio y llevaron adelante un «Facturazo». La protesta, que consistió en la lectura de un petitorio y la entrega simbólica de facturas caseras a los vecinos, no buscó desestabilizar las instituciones, sino visibilizar una realidad desesperante: la persecución municipal y el hambre.
«Quieren ocultarnos para la Bienal»
El malestar de los trabajadores de la economía popular tiene una fecha clave en el calendario: la Bienal Internacional de Escultura. El evento, que representa la principal vidriera turística y el orgullo estético de la gestión, parece requerir según denunciaron los manifestantes una Resistencia «limpia» de pobres.
«Quieren ocultarnos para la Bienal. El facturazo que hemos hecho esta mañana es para dar a conocer la realidad que estamos viviendo como familias vendedoras ambulantes aquí en el Gran Resistencia. Estamos siendo perseguidos y nos están quitando el derecho al trabajo», expresó una de las voceras de la movilización.
Los trabajadores afirmaron que la presión estatal se agravó drásticamente en los últimos cinco o seis meses. La estrategia oficial, según describen, no pasa por la contención ni la relocalización, sino por el desgaste a través del uso de la fuerza pública: operativos saturados de inspectores, decomisos violentos y el secuestro de las herramientas de trabajo.
La violencia de los números: Sobrevivir con $30.000 diarios
Lejos de los discursos de infraestructura y los grandes anuncios macroeconómicos, la realidad de la capital chaqueña se mide en el menú diario de una familia. Durante la protesta, uno de los vendedores relató el calvario que vive tras haber perdido su fuente de sustento a manos del Estado local.
«A mí me sacaron el carro de panchos, me agredieron. Hoy tengo que salir a vender banderas y gorros, pero también me corren de donde me pongo a trabajar», lamentó el trabajador. Con crudeza, detalló que su ingreso diario ronda los 30 mil pesos: «Con esos 30 mil pesos ya puedo darles de comer a mis tres hijos. Nosotros no estamos robando, queremos trabajar honestamente. No estamos pidiendo una beca ni un subsidio».

El miedo a las represalias estatales también sobrevoló la plaza central. Los organizadores señalaron que el número de manifestantes pudo haber sido significativamente mayor, pero que «muchos compañeros decidieron no venir porque tienen miedo a los inspectores» y a perder lo poco que les queda.
Un laberinto sin diálogo y el llamado a Zdero
El principal reclamo de la economía popular apunta a una muralla burocrática e institucional. Los manifestantes aseguraron que han agotado las vías administrativas para abrir canales de diálogo con el Municipio de Resistencia, encontrando únicamente puertas cerradas y silencio.
Ante la falta de respuestas de la intendencia, los vendedores ambulantes decidieron elevar la apuesta y exigir de forma directa la intervención del gobernador Leandro Zdero. Buscan que el mandatario provincial actúe como mediador para frenar la persecución y garantizar el derecho constitucional a trabajar.
La jornada en la Plaza 25 de Mayo concluyó de manera pacífica, entre mates y facturas repartidas a los transeúntes. Los trabajadores prometieron profundizar las medidas de fuerza si la respuesta sigue siendo el decomiso. Mientras tanto, el discurso gubernamental sobre los «sectores desestabilizadores» empieza a perder fuerza: a Zdero no lo tambalea una conspiración política, lo desestabiliza la realidad de una Resistencia que ya no se puede ocultar debajo de la alfombra.