
Docentes y directores de escuelas rurales denuncian que las partidas oficiales no alcanzan para garantizar el almuerzo de los alumnos. El gobierno provincial redujo el presupuesto y las escuelas se ven obligadas a «dibujar» las planillas para cumplir con requisitos burocráticos imposibles.
“Nos mandan mucha menos plata”. “No funciona el comedor”. “Casi no hay comida”. “No alcanza”. “Es una situación límite”. Las frases se repiten como un eco desesperado entre directores y docentes de escuelas rurales de la provincia de Chaco. Resguardan sus nombres por temor a represalias, pero el diagnóstico es unánime: lo que reciben los alumnos en el colegio suele ser la única comida del día y, este año, sostener ese plato es un desafío matemáticamente imposible.
Chaco se consolidated como una de las provincias más golpeadas por la crisis social. Según datos del Indec del primer trimestre de este año, en el Gran Resistencia la pobreza alcanza al 42,2% de la población, ubicándose entre las tasas más altas del país. En este escenario crítico, las resoluciones oficiales del Ministerio de Desarrollo Humano provincial revelan un fuerte ajuste: la administración redujo a la mitad la partida presupuestaria global destinada a comedores escolares respecto al año anterior y recortó la cantidad de escuelas alcanzadas.
Hoy, el presupuesto estipulado por alumno para la jornada completa (que incluye desayuno y almuerzo) es de tan solo $800 por día, el equivalente a un poco más de medio dólar. En cualquier comercio minorista, ese monto apenas alcanza para comprar un kilo de harina de la marca más económica o un alfajor.
El menú del ajuste: «Solo guiso de arroz o fideos»
La caída del poder de compra transformó por completo la rutina alimentaria en las aulas. Irma Duarte, directora a cargo de la E.E.P. N° 601 en el Paraje Lalelay (zona de Tres Isletas), es una de las pocas que se anima a hablar con nombre y apellido. Con 34 alumnos a cargo, explica el impacto de la medida:
“No hubo ningún tipo de explicación sobre esta reducción. Mandamos una nota al Ministerio y para ellos supuestamente alcanza. No sé en dónde ven los precios. En los pueblos pagamos casi el doble los productos alimentarios”.
Ante la emergencia, Duarte tuvo que consensuar una estrategia extrema con los padres y la cooperadora escolar: dar desayuno todos los días y almuerzo solo lunes, miércoles y viernes. “Optamos sí o sí por el desayuno. Se nota mucho que los chicos a las 11 de la mañana ya preguntan por la comida y a las 11:30 ya no te prestan más atención. Es algo muy doloroso porque te dicen: ‘Haga el desayuno que tengo hambre porque ayer no comí nada’. Y vos no sabés qué hacer”, relata con angustia.
La caída de la calidad nutricional es drástica. Las frutas desaparecieron de los platos y las verduras se redujeron a expresiones mínimas como un morrón o una zanahoria para aportar sabor. El menú diario se redujo a una sola opción repetitiva: guiso de fideos o de arroz, complementado esporádicamente con algo de pollo.
El desfasaje de las planillas oficiales: «Nos obligan a mentir»
Uno de los puntos de mayor tensión entre la comunidad educativa y el gobierno es el sistema de rendición de cuentas. Según la Resolución 407/26, los fondos transferidos a través de la Tarjeta Tuya Recargable deben utilizarse para garantizar una «alimentación saludable». El problema radica en que la provincia exige la presentación de menús variados y nutritivos (como milanesas, empanadas o pizza) que resultan inviables de costear con $800 diarios.
Los directivos denuncian que el sistema los empuja a una encrucijada moral: si no rinden el menú oficial simulando haber cumplido los 20 días hábiles del mes, el ministerio suspende el envío de la partida del mes siguiente.
“Este año solo podemos mirar qué figura en la planilla, pero no en el plato del alumno”, confiesa otro director de Tres Isletas. “Por el momento podemos seguir ofreciendo solo migajas de lo que figura en los papeles. Va a llegar el momento en el que se va a hacer imposible sostener esta fachada”.
La tensión administrativa ya provocó renuncias. En abril de este año, Marcelo Alvarenga, docente del paraje Río Muerto Cruz en El Espinillo, dejó su cargo directivo de forma pública argumentando que no quería ser «cómplice de un sistema que te obliga a mentir con la confección de menús inexistentes».
A esto se suma la vulnerabilidad burocrática en zonas extremas. En la escuela primaria EEP N° 890 del paraje Sol de Mayo, los 20 alumnos no reciben comida desde el inicio del ciclo lectivo debido a una demora administrativa en el cambio de titularidad de la tarjeta alimentaria tras el recambio de autoridades. Como consecuencia, las autoridades escolares debieron recortar una hora el horario de clases diaria.
La respuesta oficial: El Gobierno defiende el sistema
Consultado por LA NACION, el ministro de Desarrollo Humano de Chaco, Diego Gutiérrez, defendió la gestión presupuestaria y aseguró que el análisis de los $800 es «sesgado». Según el funcionario, el número real se estira a valores cercanos a los $1300 o $1400 diarios si se contabiliza el impacto del complemento de leche distribuido a través del programa social Ñachec.
| Prestación Alimentaria (Por Alumno) | Monto Oficial Asignado |
| Desayuno / Merienda | $280 |
| Almuerzo | $520 |
| Jornada Completa (Desayuno + Almuerzo) | $800 |
| Albergue (Cuatro comidas) | $1600 |
Gutiérrez desestimó que exista un escenario de inflación descontrolada en los insumos básicos de la provincia: “En lo que tiene que ver con la carne, hubo un período de suba pero después volvió a bajar y hoy tiene el mismo precio que el año pasado. Y lo que son los productos no perecederos como el aceite, no tuvieron inflación”. No obstante, los datos del propio Indec contradicen la afirmación oficial: el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas en la región del NEA acumuló un incremento del 38,2% en el último año.
Respecto a la monotonía de los menús basados puramente en guisos, el ministro atribuyó la problemática a factores culturales de la región y no a la escasez de recursos: “Lamentablemente, en el interior de la provincia, las cocineras no saben hacer otra cosa que no sea guiso porque es lo que comen todos los días en su casa”, sostuvo, al tiempo que adelantó la implementación de un nuevo software de control cruzado para evitar adulteraciones en las facturas de compra.
Sin energía para aprender
Mientras el debate político y los cruces de planillas continúan en los despachos gubernamentales, el impacto del hambre cala profundo en las aulas del Chaco profundo. Ariel Sánchez, presidente de la cooperadora escolar de la Escuela 961 del Paraje Central Norte —una comunidad de la etnia Qom—, advierte sobre las secuelas cognitivas que este recorte está dejando en los niños:
“La comida es bastante poquita. Los chicos van a la escuela por la necesidad de acceder a tener un platito de comida. Somos un pueblo muy vulnerable y muy pobre”, describe Sánchez. Y concluye con crudeza: “Que ellos puedan estudiar cuesta un poco por el retraso humanitario que hay en la vida de los niños y en el alimento. Les cuesta retener los conceptos, a pesar del enorme esfuerzo que hacen los maestros”.
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