La interna del peronismo dejó de ser una simple disputa táctica para transformarse en una pelea abierta por el liderazgo del espacio opositor. Tras el acto en Parque Lezama y las señales lanzadas por Máximo Kirchner, en el entorno de Cristina Fernández de Kirchner ya trabajan bajo la hipótesis de una ruptura definitiva con Axel Kicillof o, como mínimo, una confrontación directa en unas PASO.

La tensión escaló a un punto que en ambos sectores consideran difícil de revertir. Ya no se trata solamente de diferencias de estrategia electoral: el conflicto expone una disputa de poder de fondo sobre quién conducirá al peronismo de cara a 2027.
En el cristinismo aseguran que Kicillof busca construir un proyecto presidencial propio utilizando el capital político de Cristina, pero sin reconocer su conducción. Por eso, en las últimas semanas comenzaron a endurecer públicamente el discurso contra el gobernador bonaerense y su círculo político.
La estrategia del sector que responde a la expresidenta se sostiene sobre tres ejes. El primero es insistir con la figura de Cristina como candidata, aun cuando la exmandataria continúa inhabilitada judicialmente. Bajo la consigna de denunciar una supuesta proscripción, el objetivo es mantener cohesionado al núcleo duro kirchnerista.
El segundo punto es instalar una agenda política propia, centrada en una eventual renegociación de la deuda con el FMI y una reforma profunda del Poder Judicial, temas que el kirchnerismo considera centrales para diferenciarse tanto del gobierno de Javier Milei como de otros sectores del peronismo.
El tercer eje apunta directamente contra Kicillof. Cerca de Máximo Kirchner sostienen que buscan “desenmascarar” al gobernador y obligarlo a definir si responde políticamente a Cristina o si rompe definitivamente con el espacio. En ese contexto, comenzaron a instalar la idea de que Kicillof representa una reedición de la experiencia fallida de Alberto Fernández.
“Siguen con la lógica de sumisión o traición”, responden desde La Plata, donde consideran que el cristinismo intenta disciplinar al gobernador mediante presión política y mediática.
En el entorno de Kicillof tampoco creen viable un acuerdo de unidad. Argumentan que una eventual fórmula consensuada repetiría los problemas de convivencia que atravesó el Frente de Todos y sostienen que el kirchnerismo pretende conservar el control político aun cuando el candidato sea otro.
Por eso, cerca del mandatario bonaerense consideran que el escenario más probable es una competencia interna. Confían en que unas PASO podrían consolidar el liderazgo de Kicillof dentro del peronismo, aunque algunos dirigentes admiten en privado que el gobernador todavía no logró ampliar significativamente su base política ni instalar un mensaje fuerte fuera del electorado tradicional kirchnerista.
Mientras tanto, en el cristinismo ya empiezan a sonar posibles nombres para una eventual primaria si Cristina no puede competir. Entre ellos aparece Sergio Massa, junto con otros dirigentes como Juan Grabois, en un esquema que podría fragmentar aún más el espacio opositor.
La disputa ocurre en paralelo al fortalecimiento político de Javier Milei, que avanza con el objetivo de consolidar una nueva candidatura presidencial mientras observa cómo el principal espacio opositor atraviesa una de sus crisis internas más profundas de los últimos años.