La política chaqueña parece haber olvidado que el asfalto no se come y que los «likes» no pagan el alquiler. La gestión de Leandro Zdero atraviesa hoy un desierto donde el espejismo de la comunicación profesional choca de frente con la sequía de soluciones reales. El hartazgo social no es una sensación térmica; es el resultado de una provincia donde la planilla de Excel del funcionario no coincide con el bolsillo del trabajador.

Los números que la pauta no puede tapar

Mientras la propaganda oficial intenta proyectar una provincia en orden, la realidad de marzo de 2026 dibuja un escenario asfixiante. Con una inflación que no da tregua y un IPC que golpea la canasta básica, los datos son crueles:

  • La Barrera de la Pobreza: Una familia tipo en el Chaco necesita hoy casi $1.400.000 (CBT) para no ser pobre y supera los $644.000 (CBA) para no caer en la indigencia.
  • Sueldos en el subsuelo: Mientras la canasta vuela, el sueldo de un docente o un enfermero apenas raspa la línea de la pobreza. La matemática no miente: quienes sostienen el sistema público son, por definición estadística, pobres.

El golpe judicial: La Cláusula Gatillo no es opcional

El conflicto docente ha dejado de ser una disputa gremial para convertirse en una falta legal grave. La reciente intimación de un Juez para que el Ejecutivo cumpla con el pago de la Cláusula Gatillo es el acta de defunción del relato oficial.

No es una «interpretación» de los sindicatos; es la Justicia recordándole a Zdero que los acuerdos salariales se respetan y que el ajuste no puede caer siempre sobre el guardapolvo blanco. Que un magistrado tenga que obligar al Estado a pagar lo que corresponde expone una gestión que prefiere dilatar el salario alimentario mientras mantiene la billetera abierta para la pauta publicitaria.

La calle no se edita con filtros

En cada rincón de la provincia, desde las escuelas rurales hasta los hospitales cabecera, el murmullo se convirtió en grito. A esto se suma el conflicto con los empleados municipales de Resistencia, que ven cómo su poder adquisitivo se licúa entre promesas incumplidas y una ciudad paralizada.

El error de cálculo del funcionario es creer que una buena fotografía o un traje impecable pueden anestesiar el descontento. Cuando el ciudadano ve una gestión más preocupada por el «storytelling» que por el stock de insumos o el cumplimiento de la ley, el marketing deja de ser comunicación y se convierte en una provocación.

Conclusión

El Chaco no necesita un modelo de pasarela. La legitimidad se gana en la paritaria y en el cumplimiento de las sentencias judiciales, no en el estudio de grabación. Si la respuesta al reclamo sigue siendo una foto con un traje nuevo, el desgaste será irreversible. Gobernar es priorizar, y hoy la prioridad parece estar en la superficie mientras el fondo se hunde.

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