
Con el agua todavía sin irse de varios barrios y familias tratando de salvar lo poco que tienen, el Gobierno provincial montó su despliegue en Juan José Castelli. Funcionarios, recorridas, declaraciones… y un condimento que nunca falta: el palo político.
“Estamos con las patitas en el barro”, dijo Marcos Resico, secretario de Asuntos Estratégicos. La frase busca mostrar cercanía, pero también deja ver otra cosa: la necesidad de marcar presencia en medio de una situación que, año tras año, se repite sin solución de fondo.
Porque mientras se reparten críticas, el agua sigue entrando.
Resico apuntó contra dirigentes que opinan desde redes sociales: “El único barro que conocen es el del Dakar”. El problema es que, más allá de la chicana, el barro real —el de los barrios— no es nuevo. Y eso abre una pregunta incómoda: ¿cuánto de esta emergencia es realmente imprevisible y cuánto es consecuencia de años de falta de obras?
En el barrio Noca’ayi, el panorama es el de siempre: calles anegadas, drenaje insuficiente y vecinos que dependen de la asistencia estatal para salir del paso. El operativo incluye ayuda inmediata, atención sanitaria y promesas de llegar “a todos”. Un libreto conocido.
La comitiva oficial con Carolina Meiriño, Marcelo Barrios y autoridades de APA— recorrió la zona, supervisó tareas y anunció coordinación. Todo en orden. Todo esperado. Todo necesario… pero también tardío para muchos vecinos que vienen lidiando con el agua hace días.
Y mientras desde el Gobierno piden “estar en territorio”, la realidad es que el territorio viene pidiendo respuestas estructurales hace años. No alcanza con bombas, colchones y operativos sanitarios cada vez que llueve fuerte.
Porque si cada tormenta termina igual, no es solo una emergencia: es un problema crónico.
Resico lo reconoció a medias cuando habló de la necesidad de obras para mejorar el escurrimiento. Pero esa discusión siempre aparece después, cuando baja el agua… y también cuando baja la atención.
Mientras tanto, la escena se repite: funcionarios en botas, vecinos con el agua en la puerta y declaraciones que mezclan gestión con campaña.
Más que “patitas en el barro”, lo que queda es la sensación de un Estado que llega, sí… pero siempre después. Y que, entre asistencia y discurso, todavía no logra evitar que la historia vuelva a empezar cada vez que el cielo se larga.