Jue. Oct 29th, 2026

LA FIESTA A LA QUE NADIE FUE INVITA

Para disimular el impacto del ajuste que comparte con la Casa Rosada, el gobernador Leandro Zdero anunció un bono de fin de año no remunerativo para estatales y jubilados. Un parche contable de $100.000 que no computa para el básico ni suma al aguinaldo, en una provincia donde la canasta básica no da tregua.

En el manual del equilibrio fiscal a libro cerrado, la empatía suele cotizar en la misma planilla de cálculo que el gasto público: como una variable a ajustar. El gobernador del Chaco, Leandro Zdero, ensayó en las últimas horas un movimiento táctico para amortiguar el clima social de cara al tramo final del año. Anunció un pago extraordinario de $100.000 para los trabajadores activos de la administración pública y de $80.000 para los jubilados, que se acreditará el próximo 21 de diciembre. Una especie de aguinaldo paralelo en dosis homeopáticas.

Sin embargo, el diablo suele esconderse en los detalles de la resolución administrativa. El propio Ejecutivo provincial se encargó de dejar bien en claro que la inyección de dinero tendrá carácter «no remunerativo y no bonificable». Una fórmula técnica que en el idioma de las paritarias se traduce sin eufemismos: sumas en negro que no ingresan al salario básico, no impactan en la escala salarial, no suman un solo peso para el cálculo del sueldo anual complementario y desfondan las ya golpeadas cajas de jubilación.

La pedagogía del ajuste

Para sostener el relato de la gobernanza alineada con el precepto del «déficit cero» que emana desde Balcarce 50, Zdero optó por atribuir la concesión del bono a la supuesta prolijidad de su planilla de gastos: “Decidimos dar un refuerzo más de acuerdo al orden que estamos estableciendo en la administración de la provincia”, argumentó el mandatario radical.

El discurso de la «austeridad virtuosa», sin embargo, tropieza diariamente con la microeconomía de las familias chaqueñas. En la lógica oficial, la disciplina fiscal se presenta como un fin en sí mismo, aunque en la práctica implique el achatamiento de la pirámide salarial y la proliferación de sumas fijas que licúan el poder adquisitivo frente a las tarifas y la inflación de los alimentos.

Anestesia para las fiestas

La decisión de fechar el cobro para el 21 de diciembre responde a una matemática política precisa. En una provincia crujiente por la pérdida del empleo formal y la expansión de la economía informal como único mecanismo de subsistencia, el Palacio de Gobierno busca garantizar una inyección rápida de consumo en el comercio de cercanía antes de las Fiestas.

Se trata de una anestesia de corto alcance: un paliativo que intenta desactivar la tensión en el cierre del calendario, pero que deja intacta la brecha estructural entre los salarios reales y el costo de vida. Mientras el gobierno provincial celebra el «ordenamiento» de sus números, en la calle el esfuerzo sigue corriendo por cuenta de los trabajadores.

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