En la tarde de este viernes, mientras el gobernador Leandro Zdero recorría el predio donde se desarrolla la Bienal, junto al secretario general del CFI, Ignacio Lamothe, celebrando el «éxito rotundo» de la Bienal Internacional de Esculturas y ponderando el impacto económico positivo para los emprendedores y gastronómicos, la otra cara de la moneda se vivía a pocos metros.
La vidriera oficial vs. la realidad de la calle

Mientras el mandatario destacaba que el evento posiciona a Resistencia como un faro cultural y potencia el trabajo local, un operativo policial intentaba desalojar a un trabajador ambulante que intentaba ganarse el sustento diario vendiendo su mercadería.
Hostigamiento policial permanente contra los vendedores ambulantes en Chaco: El operativo en la Bienal dejó al desnudo la contradicción entre los discursos oficiales de fomento a la cultura y la persecución cotidiana que sufren los trabajadores en el espacio público. pic.twitter.com/q0Bu48jBDW
— TV LOCAL NOTICIAS (@tvlocalnoticias) July 24, 2026
El contraste entre el discurso oficial de apoyo al emprendedor y el accionar represivo en el territorio dejó al desnudo el profundo cinismo de la gestión:
«¡Acá estoy! ¡Acá estoy! ¡Acá estoy! ¡No soy un delincuente! ¡Soy un trabajador, por favor! ¡Soy un trabajador!… ¡Estoy vendiendo la mercadería! ¡Es el recurso y la fuente económica de mi familia!», clamaba arrodillado el comerciante frente a los uniformados.
El «mundial de las esculturas» sin lugar para los trabajadores
Para las cámaras y los discursos protocolares, el movimiento turístico y la economía popular son motivos de orgullo y desarrollo. Sin embargo, para el trabajador de a pie, la realidad institucional se traduce en operativos de hostigamiento y en la amenaza constante del decomiso de sus herramientas de trabajo.
Paradójicamente, el desalojo ordenado por las fuerzas provinciales solo se frenó gracias a la autoconvocatoria y la presión de los vecinos y visitantes, quienes interpusieron sus propios cuerpos para defender al vendedor ante la mirada indiferente de un Estado que aplaude el turismo pero persigue al que trabaja.