Los préstamos personales y el uso de tarjetas de crédito retrocedieron durante junio, mientras aumenta la morosidad y cerca de siete millones de argentinos presentan deudas con más de 90 días de atraso, según datos del Banco Central y consultoras privadas.

El crédito destinado al consumo volvió a mostrar señales de debilidad durante junio. De acuerdo con el Informe Monetario Mensual del Banco Central (BCRA), el stock de préstamos en pesos al sector privado apenas creció un 0,3%, aunque los principales instrumentos utilizados por las familias registraron una caída.
Las financiaciones con tarjetas de crédito disminuyeron un 4,2% interanual, mientras que los préstamos personales retrocedieron un 1,1%, reflejando un menor acceso al financiamiento para el consumo en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y mayor cautela financiera.
El consumo sigue sin recuperarse

En términos reales, los préstamos destinados al consumo registraron una baja mensual del 0,8%, un dato que continúa afectando la actividad comercial.
Según estadísticas del INDEC, durante los primeros meses del año las ventas en centros comerciales cayeron 5,7%, mientras que los supermercados y autoservicios mayoristas registraron bajas del 3,3% y 3,2%, respectivamente.
Pese a la desaceleración de la inflación y a tasas de interés relativamente más accesibles, el crédito continúa sin convertirse en un motor para la recuperación del consumo interno.
La morosidad alcanza niveles preocupantes
El deterioro también se refleja en el incremento de la mora bancaria. De acuerdo con estimaciones de la consultora 1816, elaboradas sobre datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), el porcentaje de personas con créditos familiares en mora superior a 90 días alcanzó el 12,7%, lo que representa alrededor de siete millones de argentinos.
El último dato oficial del Banco Central, correspondiente a abril, había ubicado ese indicador en 12,1%, confirmando una tendencia ascendente.
Impacto sobre bancos y actividad económica
El economista y director del Centro de Estudios Políticos y Económicos (Cepec), Leo Anzalone, explicó que el aumento de la morosidad genera un doble efecto negativo.
Por un lado, obliga a los bancos a endurecer las condiciones para otorgar nuevos préstamos y revisar los niveles de riesgo. Por otro, limita el acceso al crédito para empresas y familias, reduciendo tanto el capital de trabajo como la posibilidad de sostener el consumo mediante financiamiento.
El escenario plantea un nuevo desafío para la economía argentina, donde el crédito al consumo continúa perdiendo dinamismo mientras crece el número de hogares con dificultades para afrontar sus compromisos financieros.