El debut de Livio Gutiérrez en el Banco del Chaco con miles de cuentas vaciadas por el «error» del calendario

Por Fernando Ojeda

En el cuarto piso del Nuevo Banco del Chaco, el clima era de celebración. Trajes impecables, café de cortesía y un discurso de «solidez institucional» para recibir a Livio Gutiérrez como nuevo presidente de la entidad. Pero mientras los flashes encandilaban a las nuevas autoridades, a pocas cuadras, en los cajeros del centro y los barrios de Resistencia, la realidad golpeaba con una crueldad que no figura en los balances: miles de familias chaqueñas descubrían que el banco les había «barrido» hasta el último centavo del sueldo.

La trampa perfecta de la gestión saliente

Gutiérrez asume sobre un campo minado. La gestión de Germán Dahlgren se retiró sacando pecho por una «modernización tecnológica» que, en la práctica, funcionó como una aspiradora de salarios. Bajo el eufemismo de una «migración de sistemas», el banco alteró las fechas de débito de cuotas y préstamos.

Este desfasaje no fue un error inocente. Fue una inducción al mora en toda regla. Las familias, acostumbradas a un cronograma de años, vieron que el dinero seguía en sus cuentas y lo usaron para lo básico: la leche, la carne y los remedios. Lo que no sabían era que el NBCH estaba agazapado, esperando para disparar un débito tardío cargado de intereses punitorios.

El negocio del hambre: La refinanciación forzada

Lo que Livio Gutiérrez hereda no es solo un banco sólido; es un esquema de asfixia financiera. Al cobrar las cuotas fuera de término, el banco se encontró con miles de cuentas en cero. ¿La respuesta institucional? No fue la devolución de los intereses ni el pedido de disculpas. La «solución» que el banco le impone a los chaqueños es la refinanciación eterna.

Hoy, familias enteras están siendo empujadas a firmar nuevos préstamos para pagar las deudas que el propio banco les impidió cancelar a tiempo. Es la usura legalizada: intereses sobre intereses para tapar un error administrativo del que nadie se hace cargo.

¿Solidez para quién?

Dahlgren se fue hablando de «resultados positivos que no se conseguían desde hace mucho tiempo». Ahora sabemos cómo se consiguen: manoteando el saldo de los trabajadores y obligándolos a endeudarse más para poder comer el resto del mes.

El debut de Livio Gutiérrez queda marcado por este «impuesto al error». Si la nueva conducción busca realmente «fortalecer el sistema productivo», debería empezar por devolverle la dignidad a los clientes minoristas. Caso contrario, su gestión no será recordada por el apoyo al campo o la industria, sino por haber sido el garante de una de las mayores transferencias de recursos del bolsillo del pueblo hacia las arcas de la timba bancaria provincial.

En el Chaco de Zdero, la modernización llegó, pero vino con el bolsillo flaco y el saldo en rojo.

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