Indignación total en los barrios: denuncian que habrían usado datos privados para ir a buscar gente a las casas, armaron la foto para la política y dejaron a la inmensa mayoría con las manos vacías y sin saber dónde reclamar.

Lo que vendieron como un «operativo histórico» terminó en un papelón de proporciones y con la gente estallando de bronca en Presidencia Roque Sáenz Peña. Tras la bomba mediática de los «2.000 trámites», la realidad en el territorio le dio un cachetazo al relato oficial: armaron una convocatoria masiva de vecinos para la entrega de DNI y terminaron entregando apenas 40 documentos, ni siquiera el 50% de lo prometido para la jornada.
La movida generó una indignación total en las familias trabajadoras y de los barrios populares, que perdieron el día, gastaron lo que no tienen en transporte y sufrieron el manoseo de una política que solo busca la foto para la tribuna.
Persecución en los domicilios y uso indebido de datos privados
Como si el fiasco de la falta de entrega no fuera suficiente, se sumó una grave denuncia de los propios vecinos: recibieron visitas en sus domicilios particulares donde se les exigía e insistía que por favor vayan al acto de entrega.
- Uso de datos privados: Los ciudadanos denunciaron indignados el uso de sus datos personales para ir a buscarlos casa por casa solo para rellenar el acto político.
- Burla a la necesidad: Jugaron con la urgencia de la gente que necesita su documento para trabajar, ir al médico o hacer un trámite, usándolos de adorno para la tribuna.
- Abandono y desinformación: Tras el show mediático, muchísimas personas quedaron desamparadas y a la deriva, sin saber dónde ni cuándo van a poder retirar sus documentos.
La cruda realidad: los DNI amontonados en la 15
Mientras la política hace prensa con la «descentralización», la realidad es que el operativo fue un verdadero fiasco organizativo. Los documentos que no entregaron quedaron amontonados en el Registro Civil de la 15, obligando nuevamente a la gente a tener que desplazarse por su cuenta a resolver la inoperancia del propio Estado.
Un caso flagrante de cómo se aprovechan y se burlan de la necesidad de los que menos tienen para hacer política pedorra.